Historia

 

HERMANOS MAYORES       HERMANOS DISTINGUIDOS


HISTORIA DE LA HERMANDAD

 

        En el año 1.688, Luisa Roldán "La Roldana" y su marido, Luis Antonio Navarro de los Arcos, regalaron al Convento de Padres Mínimos de San Francisco de Paula de la villa gaditana de Puerto Real, una imagen de Nuestra Señora de la Soledad, obra de Luisa Ignacia Roldán, para que la colocaran en su Capilla nueva del citado Convento, a cambio de que todos los viernes antecedentes al domingo de Lázaro o al de Ramos, cuando se conmemoraran los dolores de la Virgen, celebraran dicha festividad con sermón, misa cantada con diácono y subdiácono, y responso también cantado por las almas de la escultora Sevillana, su marido y otras personas herederas suyas, lo que prueba una vez más la religiosidad de la familia De los Arcos Roldán; este sentimiento religioso impregnó toda la vida de La Roldana, como nos dejó dicho uno de sus conocidos, A. Palomino, que decía de ella que "era de modestia suma, habilidad superior y virtud extremada", y añadía después "y aseguran que cuando hacía imágenes de Cristo o de su Madre Santísima además de prepararse con cristianas diligencias, se revestía tanto de aquel efecto compasivo que no las podía ejecutar sin lágrimas". Esta característica se dio tanto en su juventud y primeros tiempos de casada en Sevilla, como en su etapa gaditana, luego, en su madurez, e incluso después en los años en que vivió en Madrid, hasta que dejaron de tenerse noticias suyas, en 1.704.

        Luis Antonio Navarro de los Arcos, firmó la escritura "por sí y en nombre de su mujer Luisa Roldán", de lo que se deduce que la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, habría sido hecha por la escultora sevillana, así como también se deduce por sus características estilísticas, de las que luego hablaremos, por lo que es poco probable que el matrimonio De los Arcos-Roldán regalara una imagen hecha por otro escultor, y Luís Antonio N. de los Arcos, marido de La Roldana, al parecer, no tenía la categoría suficiente como escultor para tallar una imagen como esta Dolorosa, pues era más bien estofador, aunque a veces firmaba por la hechura de algunas esculturas. Este es el caso de los dos ladrones del paso del Cristo de la Exaltación, de la iglesia sevillana de Santa Catalina, y de la Virgen de la Luz, las Santas Mujeres, Verónica y los Santos Varones del paso de "Las Tres Necesidades" de la hermandad hispalense de ‘la Carretería’; en ambos pasos, el de la Exaltación y el de la Carretería, intervino la familia Roldán.

        En el primero de ellos, Luisa hizo los cuatro ángeles pasionarios de las esquinas (1.683-84), y su padre, Pedro Roldán, los relieves (1.683-84) en forma de medallón que adornan el paso. En el segundo de ellos, es decir, en el de "Las Tres Necesidades", de la Hermandad de ‘la Carretería’, según Bernales Ballesteros, también Pedro Roldán ejecutó los relieves en 1.677, aunque estos desaparecieron en 1.844, pero según D. Francisco de Cuellar y Contreras, estos relieves eran también de Cristóbal Guadix, autor del citado paso, mientras que serían atribuidas al maestro Pedro el San Juan y los dos ladrones, y la imagen de la Magdalena se ha venido atribuyendo, aunque con reservas, al sobrino de La Roldana, Pedro Duque Cornejo, por lo que la colaboración familiar es evidente.

En ambos casos, se supone que Luisa Roldán colaboraría con Luís Antonio N. de los Arcos, o al menos dirigiría su obra o haría los diseños o, tal vez, Luís Antonio sólo firmaba los contratos en nombre de su mujer, o bien se trataba de obras del taller de Luisa que ejecutaban sus ayudantes. Cuando conozcamos más obras documentadas de Luís Antonio, podremos estudiarlo mejor, pero hasta ahora sólo se puede considerar como colaborador de su mujer, Luisa Roldán, en su taller, aunque firmara algunas obras, y de hecho estén documentadas como suyas varias esculturas de la Semana Santa sevillana.

        D. José González Isidoro afirma que Luís Antonio N. de los Arcos complementó la acertada obra de su esposa, Nuestra Señora de la Soledad, de la Cofradía del mismo nombre de Puerto Real, con una atinada policromía con encarnadura de tez morena, de las llamadas "de pulimento, tan criticadas por Francisco Pacheco". Aunque es verdad que la primitiva encarnadura pudo ser morena, pensamos que la actual tonalidad más tostada y propia de una mujer andaluza, y para más decir, gaditana, puede deberse a las dos renovaciones de la policromía que esta imagen ha sufrido: la primera, en 1.941 por el pintor-restaurador Sr. Donaire y, sobre todo, la de 1.964, llevada a cabo por Tomás Chaveli.

        Volviendo al estudio del documento que testifica la autoría de La Roldana respecto a la Virgen de la Soledad de Puerto Real, se especifica en él, que si no se cumpliera todo lo que hemos referido anteriormente, en cuanto a los diversos cultos que se pedían a cambio del regalo de la Dolorosa que estudiamos, y si faltaran a la observancia de estos, podrían impugnarlo ante la justicia y "compeler a dicho Convento que el mejor modo y remedio que en derecho y lugar haya, a que cumplan con el tener y forma de esta obligación".

        El documento al que nos estamos refiriendo está fechado en la ciudad de Cádiz el día 3 de julio de 1.688, por fray Francisco de los Reyes, lector jubilado, calificador del Santo Oficio, definidor de ¿provincia? y corrector actual del Convento de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción orden de mi..../roto/ nuestro padre San Francisco de Paula de la ciudad de Puerto Real, y también por Luis Antonio N. de los Arcos, marido, como ya decíamos, de La Roldana, y por Juan Baptista de Brozas, escribano público".

        El citado documento alude a que el padre fray Francisco de los Reyes, había sido nombrado por el Convento para que interviniera en la donación de la Virgen de la Soledad, a cambio de los antes mencionados cultos, el 28 de junio del año 1.688, ante el escribano público Miguel de Santiago Perellón, de manera que todo se hiciera legalmente y pudiera firmar el "poder" en nombre de los religiosos del Convento de Puerto Real, quedando así la familia De los Arcos-Roldán sabiendo que harían en su nombre los cultos que tan legalmente habían pedido a cambio de la imagen.

        La Dolorosa de la que hablamos, sublime imagen de Nuestra Señora de la Soledad, es de candelero, está hecha en madera de cedro policromada, ojos de vidrio pintados, pestañas postizas y cuatro lágrimas resbalan por sus mejillas. Mide 1,50 metros de altura. Había permanecido como "obra atribuida a La Roldana" desde hacía mucho tiempo, hasta que el investigador de temas gaditanos D. Enrique Hormigo Sánchez encontró el documento del que hablamos, que confirma la autoría de La Roldana. Pertenece a la Venerable y Real Cofradía de Penitencia de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. Ligada siempre a la tutela de los frailes mínimos hasta la exclaustración de estos en 1.835, la Virgen de la Soledad recibió culto a través de una rancia Cofradía de homónima apelación, constando que en 1.786 compartía titularidad devocional con el Santo Entierro de Cristo en el seno de dicha corporación cofrade, institución que participaría de la bonanza y prosperidad que vivía la Real Villa en el siglo XVIII hasta el punto de ser "admitida por este Ayuntamiento bajo su protección, para corresponder a la devoción que tienen a las Sagradas Imágenes de la referida Cofradía".

        Actualmente se encuentra en la Iglesia Conventual de la Victoria, en Puerto Real, donde ha permanecido intacta a pesar de las continuas extinciones de la Cofradía en el siglo XIX, debido especialmente a la invasión francesa –saqueo de Puerto Real- y a la desamortización de Mendizábal.

        Prosiguió la Virgen de la Soledad en la referida iglesia de la Victoria a lo largo del referido siglo XIX, donde se la localiza el 16 de octubre de 1.830, por medio de un inventario, en un altar colateral con un frontal de damasco, frente a un San Francisco de Paula, enumerando entre sus enseres una diadema de plata, una corona de espinas, un rosario de oro y otro de plata sobredorada.

        Más adelante, en un inventario de 1.835, se la describe en su altar, vestida con manto de tafetán negro, un rosario de azabache engarzado en plata, y entre los utensilios "seis varas de madera de la palia de la Soledad".

        En 1.867, la Reina Isabel II aprobó los estatutos de la Cofradía, accediendo a declararse protectora de la misma, y ordenando inscribir como Hermanos Mayores a su augusto esposo y a su hijo el Príncipe de Asturias, luego Alfonso XII. A lo largo del siglo XX, Nuestra Señora de la Soledad sigue procesionando cada Semana Santa el Viernes Santo, aunque durante la Segunda República suspendió sus salidas procesionales, pero no sus cultos; se libró de la quema y saqueo de los edificios religiosos acaecidos en la población en 1.936, tal vez por estar la Iglesia de la Victoria junto al Hospital de la Misericordia. De hecho, la Cofradía de la Soledad mantiene estrechos vínculos con la Residencia de Ancianos "Joaquina de Vedruna", heredera de dicho hospital, ya que la misma ha permanecido hasta febrero de 2.002 en el edificio anexo a la sede canónica de esta cofradía portorrealeña. Así, cada verano, la Junta de Gobierno, en unión a numerosos colaboradores y el altruismo y generosidad del pueblo de Puerto Real, organiza una velada benéfica cuyos fondos son entregados a la comunidad de religiosas carmelitas de la caridad que regenta la residencia "Vedruna"; además, debido al traslado a unas nuevas y modernas instalaciones en la calle Concepción, el itinerario procesional de la Soledad tiene como cita obligada cada Viernes Santo pasar por delante de esta residencia de mayores, siendo sumamente emotiva la presencia de estos, las religiosas y los numerosos colaboradores y voluntarios de esta institución. Tras el lapsus de la contienda civil iniciada en 1.936, la cofradía de la Soledad, con todo su patrimonio destruido, excepto el más preciado, el que constituye sus Sagradas Imágenes Titulares, se reorganizó en 1.941.

        Entre las obras de orfebrería que posee esta Dolorosa, podríamos citar su corona de plata de ley, obra del orfebre sevillano D. Manuel Seco Velasco en 1.945, sufragada gracias a la donación y aporte de muchísimos portorrealeños a este símbolo mariano de la Villa, que residió en el período 1.949-1951 en la Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, por obras en su sede canónica. Su paso procesional fue realizado en metal repujado y plateado, en cuanto a los respiraderos, varales, y bambalinas del palio por el jerezano Manuel Rodríguez, y los candelabros de cola por Orfebrería Villarreal, en su taller de Camas (Sevilla). Entre las distinciones con que cuenta destacar una cruz laureada de San Fernando del marino y ex alcalde de Puerto Real, D. Antonio Blanco Paz; la gran cruz de Isabel la Católica de D. Ramón Avila Barrón, secretario personal de la Reina Regente Dña. María Cristina, donada por su viuda Dña. María Lizaur de Paúl; la medalla de oro de la Real Villa de Puerto Real del almirante D. Pascual Cervera y Cervera, donación de su hijo D. Pascual Cervera Govantes; y el jazmín de plata del Grupo de Ciencias, Letras y Arte "Madrigal", donado por Dña. Justa Romero, esposa del muy querido catedrático americanista e hijo adoptivo de Puerto Real, profesor D. Antonio Muro Orejón.

        La Virgen de la Soledad viste de riguroso luto cada cinco años, coincidiendo con la salida fuera de la urna procesional de Nuestro Padre Jesús Yacente, y hasta la Semana Santa de 2.002 cubría su manto a modo de toca con una mantilla confeccionada en base a una ‘salida de baile’ bordada con laminillas de oro, regalo de Isabel II, hoy pieza sólo de exposición debido a su delicado estado de conservación. Entre sus sayas destaca la bordada en oro sobre un traje de luces del torero Carlos Arruza, de 1.951.

        Esta imagen de la Soledad de Puerto Real se ha convertido en el último hallazgo de una ‘obra segura’ de La Roldana y es hasta ahora su única Dolorosa documentada de Andalucía, ya que las demás Vírgenes andaluzas, entre las que se encuentran en Sevilla la Amargura, de la Hermandad del mismo nombre, la Virgen del Rosario de la Hermandad de Montesión, la Virgen de las Lágrimas de la Hermandad de la Exaltación de la iglesia de Santa Catalina y, especialmente, la Virgen de Regla de la Hermandad de ‘los Panaderos’, y la Esperanza Macarena, son sólo obras atribuidas de las que, hasta ahora, no se han hallado documentos y la única documentada como de La Roldana, es la Virgen Dolorosa del Convento de religiosas clarisas de Sisante (Cuenca), efectuada, junto con el imponente Nazareno del mismo Convento, entre 1.697 y 1.701. Ambas Vírgenes, la de Sisante (Cuenca) y la de la Soledad de Puerto Real, tienen un cierto parecido en los rasgos faciales que responden a un mismo ideal de belleza, aunque la de la Soledad es más patética y su expresión de dolor está subrayada con lágrimas y la boca entreabierta, mientras que la de Sisante tiene la boca cerrada y da impresión de más serenidad; ambas Dolorosas inclinan su cabeza hacia el mismo lado, pero se diferencian en las manos, que la de Sisante presenta cruzadas, a la manera granadina, a la altura del pecho y la Soledad separadas entre sí a la manera sevillana. Por lo visto, Luisa conocía las características de ambas escuelas andaluzas, y quizás hacía sus esculturas como sus clientes prefirieran, o si la dejaban escoger, como ella quisiera, al estilo granadino o al sevillano.

        D. Enrique Hormigo Sánchez piensa que es posible que esta escultura de la Soledad se hiciera para emparejar con el Ecce-Homo de busto que en junio de 1.688 el doctor D. Francisco Maderuelo, racionero de la Catedral de Valladolid (México) había entregado, antes de embarcar hacia la Nueva España, a D. Diego Armario Riquelme, vicario del Culto divino de la Venerable Orden Tercera de Penitencia de S. Francisco, ubicada en el compás del desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Angeles y San Diego, vulgo de Los Descalzos, a la que se destinaba. Sin embargo, la Virgen, por circunstancias hasta ahora desconocidas, no le acompañó.

        Tal vez no se terminó a tiempo, es decir, en los plazos solicitados por el cliente que la encargó, y Luisa se quedó con Ella y decidió, ante la imposibilidad de trasladarla a Madrid, hacia donde se iba a dirigir en 1.688 para establecerse, dejarla en la penumbra de la iglesia de un Convento, a cambio de que rezaran por la salvación de su alma, y de la de su familia.

        La imagen de la Soledad presenta un tipo de belleza muy humano, de gran dulzura y expresividad; un dolor sereno y propio de una madre que, sin aspavientos, siente en sí misma la pasión de su Hijo, recién vivida...

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