
VESTIR LA TÚNICA DE TU HERMANDAD
Parece que fue ayer, pero hace veintiocho años que tuve el orgullo de vestir la túnica de mi hermandad por primera vez. Tenía tan solo 8 años pero recuerdo ese momento como si hubiera ocurrido ayer, aún recuerdo la ilusión de vestir mi túnica nueva que me había confeccionado un familiar, recuerdo las pruebas de hechura, la compra de la tela del antifaz y la realización por parte de un hermano de ésta hermandad del cíngulo de esparto, recuerdo el planchado de la ropa por parte de mi madre que lo hacía el miércoles santo por la tarde, recuerdo con el cariño que luego la colgaba en la parte superior de mi ropero y allí estaba junto a las túnicas de mi hermano y mi padre. Tuve el orgullo de vestirla durante todos los años hasta el año 1993, que comienzo mi andadura en ésta cofradía como costalero del paso del Señor, por supuesto donde la hacía con mi túnica anteriormente, y tuve el orgullo de trabajar debajo de las trabajadoras hasta el año 1997. Luego terminando el ciclo de costalero sigo vistiendo la túnica de la hermandad donde recuerdo acompaño a Nuestra Sra. de la Soledad durante éste año, después al año siguiente acompañando al Señor y hasta la fecha, que Dios quiera sea por muchos años más. El año 2004 mi hija María hacia su primera estación Penitencial, momento cumbre en mi familia puesto que tres generaciones se juntaban en esta misma hermandad abuelo padres e hijas, puesto que mi sobrina y mi hermano también visten la túnica.
Quiero explicar con éste ejemplo, sin ser vanidoso, el significado que para un cofrade debe de tener la túnica de su hermandad y la importancia de la misma, la ilusión por vestirla año tras años como si fuera el primero, la tradición de padres a hijos, familiares, etc. Parece que en éstos últimos años ha bajado considerablemente el número de hermanos de fila que acompañan a las hermandades, pero nosotros los hermanos de nuestra hermandad debemos de poner nuestra granito de arena, y volver a vestir la túnica, aquellos que hacen algunos años lo hacían y ahora no lo hacen hacer un llamamiento y plantearnos que los cofrades no debemos morir en los ciclos. Hay que nacer cofrade y morir cofrade, porque nunca debemos perder el espíritu de nuestro hábito, tener la ilusión de la primera vez, no pensar que el vestir la túnica está antiguado y pasado de moda, las hermandades no debemos de pasar de moda, el que vestir la túnica sea cosa de niño, porque debemos de tener el corazón renovado de esos niños años tras años cuando nuestra hermandad ponga la Cruz de Guía en la calle. Pensemos y recapacitemos y volvamos a llenar nuestros tramos de penitentes en el desfile procesional en la tarde del Viernes Santo.Antonio M. Boy Gaviño